BUNBURY EJERCE DE MEGAESTRELLA DEL ROCK EN LA CUARTA NOCHE DEL UNIVERSAL MUSIC FESTIVAL


Un Enrique Bunbury cómodamente instalado, por derecho, en su papel de megaestrella del rock -posiblemente la más grande que tengamos en España – ofreció una majestuosa actuación en la cuarta velada del Universal Music Festival en la que su prodigiosa y reconocible voz acarició las palabras de un extraordinario repertorio escogido con gusto, mesura, equilibrio y elegancia. Un Bunbury en estado de gracia que salió templando y mandando a los acordes de Ahora. Los gritos de “¡Enrique, Enrique!” comenzaron a sonar entre el respetable que había agotado todas las localidades en apenas unas horas desde su salida a la venta. A cambio, el cantante les regalaba un sobrio Dos clavos a mis alas.

Bunbury explicó a continuación que su concierto iba a transcurrir como un viaje por tres décadas canciones, recogiendo lo más granado y lo más diverso de su cancionero. El primer despegue fue hasta la época de Héroes del Silencio, tiempo de canciones con resonancias míticas como La sirena Varada, cuya letra fue compartida por un público ávido de melodías con glorioso pasado como era el caso. El zaragozano pasó a colgarse la guitarra acústica para realizar una parada de paso por otra faceta complemente distinta de su personalidad artística: el disco Hellville De Luxe, lleno de profundidad norteamericana como traían consigo los ecos de Porque las cosas cambian.

De vuelta a la época de Héroes, llegó otro de los grandes éxitos del artista, El camino del exceso, y el cantante se despojó de la chaqueta para internarse en un estilo tan bailable, como hipnótico; en una celebración musical hedonista que servía de antesala a uno de los platos fuertes de la noche: Avalancha . En ese momento la comunión entre ídolo y público era total, arrojado este a cantar el estribillo hacía el escenario y con Bunbury dándolo todo.

Puso entonces Enrique su mirada hacia esa América que tanto le embruja y le ha inspirado estos años. Sonaba Que tengas suertecita y el viaje continuaba hacia cualquier parte, con percusiones de carácter étnico como vehículo, para desembocar en una de sus más hermosas creaciones de este músico singular, Una canción triste, que sonó suave, con aroma de bolero y paso de tango. Todo un síntoma de ese Bunbury viajero que guarda instantáneas musicales de los lugares que visita para mostrarlas después en discos y directos arrebatadores como es el es objeto de esta crónica.

Acababa de finalizar el sueño de los Héroes Del Silencio, cuando Enrique, que en aquella época -finales de los 90- empezaba en solitario, hacía un guiño a Camus en un tema afrancesado y trepidante llamado El extranjero. Otro excelentísimo tema rescatado para este concierto, con su aire manouche y su acordeón juguetón. Acto seguido otra canción con su leve poso de triste melancolía, Desmejorado, otras de esas maravillas que definen a un gran compositor como Bunbury. El ciclo dedicado al repaso del disco Pequeño se cerró con otra gran canción de amores imposibles, tragedias emocionales y sentimientos desbocados: Infinito.

El cambio de tercio hizo atronar las guitarras a ritmo del rock del siglo XXI con El hombre delgado que no flaqueará jamás, para escalar un peldaño con otro tema épico y muy del gusto de los espectadores, Despierta. Pero el crescendo no se detuvo, mientras que la lista de canciones ofrecía otro recuerdo musical de aquellos Héroes del Silencio que marcaron una época. Primero vino el recuerdo de Mar Adentro y, sin dar apenas tiempo a retomar el aire, un Maldito Duende con el que el aplauso se hizo unánime y cálido, mientras el cantante se iba a la mitad del teatro a cantar el tema con sus fans, que le subieron a hombros enfebrecidos. Enrique aprovechó entonces la oleada de éxtasis para tomar el camino de salida con Lady Blue, con la satisfacción de quien ha tenido al público comiendo de la palma de su mano desde que se apagaron las luces de inicio.

Pero él apoteosis había de tener continuación con tres ráfagas pertenecientes a distintas épocas, pero iguales de efectivas ante una audiencia entregada. Primero fue Más alto que nosotros solo el cielo , del disco Palosanto. En segundo lugar la apabullante El rescate, del disco El viaje a ninguna parte, para la que Enrique se ayudó de la acústica. La última parte del este primer bis fue otro viaje al pasado con La chispa adecuada. Pero la fiesta no iba a ser completa sin la propina de otros tres temas: Los habitantes y De todo el mundo, para concluir con …Y al final, una de las mejores canciones concebidas para poner broche de oro a un concierto de oro. El concierto d e Bunbury.

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